jueves, 10 de diciembre de 2009

Fragmento de Brida

El Mago dejó que Brida diera los pasos iniciales. Sabia que, en un determinado momento, él tenia que asumir el control; pero precisaba también dejar grabado en el espacio y en el tiempo que ella fue quien inició el proceso. Su maestro, que en aquel instante vagaba en el mundo astral esperando la próxima vida, seguramente estaba presente en el campo de trigo, de la misma manera que había estado en el bar, en su última tentación, y debía estar contento porque él había aprendido del sufrimiento. Escuchó, en silencio, las invocaciones de Brida, hasta que ella paró.

-No sé porque hice esto. Pero cumplo con mi parte.

- Yo continúo, dijo él.

Entonces, giró hacia el Norte e imitó el canto de los pájaros que ahora sólo existían en leyendas y mitos. Era el único detalle que faltaba. Wicca era una buena Maestra, y le había enseñado casi todo, menos el final.

Cuando los sonidos del pelícano sagrado y del ave fénix fueron invocados, el circulo entero se llenó de luz, una luz misteriosa, que no iluminaba nada a su alrededor pero que, a pesar de ello, era una luz. El Mago miró a su Otra Parte y allí estaba ella, resplandeciendo en su cuerpo eterno, con el aura dorada y los filamentos de luz saliendo de su ombligo y de su cabeza. Sabía que ella estaba viendo lo mismo, y estaba viendo el punto luminoso encima del hombro izquierdo de él, aunque un poco distorsionado a causa del vino que habían tomado antes.

- Mi Otra Parte – dijo ella, en voz baja, al notar el punto.

- Voy a caminar contigo por la Tradición de la Luna – dijo el Mago. E inmediatamente el campo de trigo a su alrededor se transformó en un desierto grisáceo, donde había un templo con mujeres vestidas de blanco, danzando delante de la inmensa puerta de entrada. Brida y el Mago miraban aquello desde lo alto de una duna, y ella no sabía si las personas podían verla.

Brida sentía al Mago a su lado, quería preguntar qué significaba aquella visión, pero no conseguía que la voz saliera de su garganta. El percibió el miedo en los ojos de ella, y volvieron al círculo de luz en el campo de trigo.

- ¿Qué fue eso? – preguntó ella.

- Un regalo mío, para ti. Este es uno de los once templos secretos de la Tradición de la Luna. Un regalo de amor, de gratitud, por el hecho de que existas, y de que yo haya esperado tanto tiempo para encontrarte.

- Llévame contigo –dijo ella-. Enséñame a caminar por tu mundo.

Y los dos viajaron en el tiempo, en el espacio, en las Tradiciones. Brida vio campos floridos, animales que sólo conocía a través de libros, castillos misteriosos y ciudades que parecían fluctuar en nubes de luz. El cielo quedó completamente iluminado, mientras el Mago dibujaba para ella, encima del campo de trigo, los símbolos sagrados de la Tradición [...]

…No supo precisar cuánto tiempo pasó, hasta que se vio otra vez con el ser luminoso dentro del círculo que ella misma había trazado. Ya había sentido el amor otras veces, pero hasta aquella noche, el amor también significaba miedo. Este miedo, por pequeño que fuese, era siempre un velo; podía ver a través de él casi todo, menos los colores. Y, en aquel momento, con su Otra Parte enfrente de ella, entendía que el amor era una sensación muy unida a los colores, como si fueran millares de arcoíris superpuestos unos a otros.

“cuantas cosas perdí por miedo a perder”, pensó, mirando a los arcoíris.

Estaba acostada, el ser luminoso sobre ella, con un punto de luz encima del hombro izquierdo, y fibras brillantes saliendo de su cabeza y de su ombligo.

- Quería hablar contigo y no lo conseguía – dijo ella.

- A causa de la bebida – respondió él.

Aquello, para Brida, era un recuerdo distante: Bar, vino, y la sensación de que estaba irritada con algo que no quería aceptar.

- Gracias por las visiones.

- No fueron visiones – dijo el ser luminoso -. Tú has visto la sabiduría de la Tierra y de un planeta distante.

Brida no quería hablar de estos temas. No quería clases. Quería sólo lo que había experimentado.

- ¿También estoy luminosa?

- Igual que yo. El mismo color, la misma luz. Y los mismos haces de energía.

El color ahora era dorado, y los haces de energía, que salían del ombligo y de la cabeza, eran de un azul claro brillante.

- Siento que estábamos perdidos y que ahora estamos salvados – dijo Brida.

- Estoy cansado. Tenemos que volver. Yo también bebí mucho.

Brida sabía que, en algún lugar, existía un mundo con bares, campos de trigo y estaciones de autobús. Pero no quería regresar a él, todo lo que deseaba era quedarse allí para siempre [...]

Una luna enorme volvió a encenderse en el cielo, iluminando el campo. Estaban desnudos, abrazados. Y no sentían ni frio, ni vergüenza.

El Mago pidió a Brida que cerrara el ritual, ya que era ella quien había comenzado. Brida pronunció las palabras que sabía, y él la ayudó. Cuando todas las formulas fueron dichas, él abrió el círculo mágico. Se vistieron y se sentaron en el suelo.

- Vámonos de aquí – dijo Brida, después de cierto tiempo. El Mago se levantó, y ella hizo lo mismo. No sabía que decir, estaba turbada, al igual que él. Habían confesado su amor y ahora, como cualquier pareja que atraviesa por esta experiencia, no consiguen mirarse a los ojos.

Fue el Mago quien rompió el silencio.

- Tienes que volver a la ciudad. Sé donde pedir un taxi.

Brida no sabía si estaba desilusionada o aliviada con el comentario. La sensación de alegría comenzaba a ser sustituida por sensación de malestar y dolor de cabeza. Tenía la seguridad de que seria una pésima compañía aquella noche.

- Está bien – respondió.

Cambiaron otra vez de rumbo y regresaron a la ciudad. El llamó un taxi desde una cabina telefónica. Después se quedaron sentados en el borde de la acera, mientras esperaban el coche.

- Quiero agradecerte esta noche – dijo ella.

[...] El hizo un gesto, como quien quiere cambiar de tema. Debía estar pensando en aquel momento lo mismo que ella, qué difícil es separarse de la Otra Parte, una vez que la hemos encontrado. [...]

- No sé si el amor surge de repente – continuó Brida -. Pero sé que estoy abierta a él. Preparada para recibirlo.

El taxi llegó. Brida miró una vez mas al Mago, y sintió que él estaba mucho mas joven.

- También estoy preparado para el Amor – fue todo lo que dijo.


Brida

(Paulo Coelho)


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