viernes, 1 de enero de 2010

Nombres impropios


No se puede afirmar
que me engañaba
cuando me mentía.

se llamaba Osadía
y desde el primer día
tuvo la cobardía de avisar.


Quien tiene siete vidas
y dos ojos de gata callejera
no se va con cualquiera.
De su noche se espera
un broche de promesas incumplidas.

Mejor no equivocarse
no me pidas jamás lo que no doy
ya sabes cómo soy
y si quieres me voy

dijo cuando acabo de desnudarse.


Ya ves llegar a fin de mes
no era con ella asunto de dinero

se trataba más bien de merecer

un tren de pasajeros,
el tsunami de un mar hecho mujer
dispuesto en cada ola a renacer.
Se llamaba Herejía
cómo voy a saber si me engañaba
cuando me mentía.


Maestra en confundir
al diablo y al rey de los altares,
me citaba en los bares
con fuegos malabares
y luego se olvidaba de acudir.
La mañana y la tarde,
qué vaivén entre alarde y agonía,
todo lo confundía

su swing, porque sabía
mirar como un crepúsculo que arde.

Callada por respuesta

cuando jugué al dolor de corazón.
Su boca era un buzón de voz
sin
compasión dormido hasta la hora de la siesta.

Ya ves,
llegar a fin de mes
no era con ella asunto de intendencia.
se trataba más bien
de comprender
la pura impertinencia
del sol cuando se cansa de asombrar,
del mostrador a la hora de cerrar.

Se llamaba ironía
y no puedo jurar

que me engañaba cuando me mentía.


Ya ves,

llegar a fin de mes
no era firmar un parte de sucesos,
se trataba más bien de envejecer
huérfano de sus besos

con fantasmas que aprenden a
crecer,
abrazos que se mueren por volver,
Se llamaba utopía,
me gusta imaginar
que me engañó cuando se despedía.

que me engañó cuando se despedía.

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